Salud y bienestar

Una cucharada, no el pote: qué dice una nutricionista sobre el dulce de leche en su día

11 Octubre 2026 · Visitas: 22

Una cucharada, no el pote: qué dice una nutricionista sobre el dulce de leche en su día

En el Día Internacional del Dulce de Leche, la licenciada Patricia Chavez, de DIM Centros de Salud, explica cuánto aporta una porción, por qué “reducido en grasa” no siempre significa menos calorías y cómo disfrutarlo sin culpa ni excesos.

El 11 de octubre se celebra el Día Internacional del Dulce de Leche, y pocos alimentos tienen en la Argentina un lugar tan propio. Está en la merienda, en los alfajores, en las facturas y en la torta de cumpleaños. Fue declarado Patrimonio Cultural Alimentario y Gastronómico del país, y según datos del Ministerio de Agricultura y del Observatorio de la Cadena Láctea, cada argentino consume alrededor de 3 kilos por año, lo que lo ubica entre los lácteos más elegidos después de la leche, los quesos y el yogur.

Esta semana Zirene contó cómo la pastelería lo combina con pistacho y otros sabores nuevos. Esta vez, la pregunta es otra: cuánto aporta y cómo comerlo sin convertirlo en un problema ni en un alimento prohibido. La respondió Patricia Chavez, licenciada en nutrición de DIM Centros de Salud.

Qué hay en una cucharada

Una cucharada sopera de dulce de leche comercial pesa unos 20 gramos y aporta, en promedio, 60 calorías. Más del 60% proviene de los carbohidratos, sobre todo azúcares, y algo más del 20% de las grasas. Las proteínas de la leche son una parte menor.

Llevado a la tabla nutricional, eso equivale a unas 300 calorías cada 100 gramos. Es la cifra que conviene mirar en el envase para comparar marcas, porque la composición cambia de un producto a otro.

“Reducido en grasa” no es lo mismo que liviano

En las góndolas conviven versiones tradicionales, reducidas en grasa, con menos azúcar e incluso sin lactosa, como la que lanzó Mastellone para quienes tienen intolerancia. Chavez advierte sobre una confusión frecuente: un dulce de leche reducido en grasa no necesariamente tiene menos calorías, porque algunas fórmulas compensan con la misma cantidad de azúcar o más. La recomendación es leer la información nutricional y no guiarse solo por la leyenda del frente.

También existen preparaciones caseras que reemplazan el azúcar por edulcorantes como la estevia y suman vainilla o canela para dar sabor. Para la nutricionista, la clave no es solo encontrar una alternativa, sino entender qué lugar ocupa el dulce de leche en la alimentación de todos los días.

Con diabetes o colesterol alto

En personas con diabetes o colesterol elevado, Chavez propone mirar el patrón de alimentación completo y no un alimento aislado. Un gusto ocasional y moderado no necesariamente rompe una alimentación saludable. Si el consumo es frecuente, recomienda elegir opciones sin azúcares agregados y reducidas en grasas. Quienes deben controlar la glucemia tienen que ajustar porciones y productos a las indicaciones de su equipo de salud.

El truco está en no comer del pote

La sugerencia más práctica es también la más simple: usar la cucharada sopera de 20 gramos como medida y servirse la porción antes de empezar, en lugar de comer directamente del envase. Así es más fácil saber cuánto se come y disfrutarlo con atención.

Para Chavez, una alimentación saludable también tiene que contemplar el placer y el vínculo afectivo con la comida. El dulce de leche remite a la infancia y a la mesa familiar, y esa dimensión forma parte de cómo comemos. Su propuesta para celebrar el día es una cucharada bien servida, sin culpa y sin terminar el pote.

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