Una mesa también guarda carbono: qué tiene que ver la madera de tu casa con el cambio climático
Antes del Día Internacional contra el Cambio Climático, la industria maderera explica cómo muebles y viviendas almacenan carbono, y por qué usar madera certificada puede ayudar a sostener los bosques.
Una mesa familiar, una biblioteca o las vigas de una casa tienen algo en común: la madera con la que se hicieron contiene carbono que los árboles tomaron de la atmósfera mientras crecían. Ese carbono queda guardado mientras el objeto se siga usando.
Es el punto de partida que eligió la Federación Argentina de la Industria Maderera y Afines (FAIMA) para el Día Internacional contra el Cambio Climático, que se conmemora cada 24 de octubre.
El carbono no desaparece cuando el árbol se convierte en mueble
Durante la fotosíntesis, los árboles absorben dióxido de carbono e incorporan parte de ese carbono a su estructura. Cuando la madera se transforma en una puerta, un piso o una biblioteca, una proporción de ese carbono sigue almacenada durante toda su vida útil.
La FAO reconoce ese potencial, aunque aclara que depende del origen de la madera, de cómo se produce, de cuánto dura el producto y de qué pasa con él al final. Por eso FAIMA destaca la durabilidad: un mueble que se repara y se restaura en lugar de reemplazarse prolonga el uso del recurso.
La construcción, en el centro del debate
Según el último informe global del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente sobre edificios y construcción, el sector representa alrededor del 37% de las emisiones mundiales de dióxido de carbono y casi el 50% de la extracción global de materiales. El IPCC reconoce que la madera de bosques gestionados de forma sostenible puede reducir emisiones cuando reemplaza, en algunos usos, materiales con más huella de carbono.
En la Argentina, el Instituto de la Construcción con Madera (ICM) trabaja en el desarrollo de sistemas industrializados y prefabricados, un tema sobre el que ya escribimos en la nota sobre construcción industrializada en madera.
¿Usar madera puede ayudar a conservar los bosques?
PEFC, el sistema de certificación forestal más grande del mundo, plantea una idea que suena contradictoria. La pérdida permanente de bosques suele ocurrir cuando el terreno se destina a otros usos, como algunas actividades agropecuarias o urbanizaciones. Si un bosque no genera ningún valor, hay menos incentivos para mantenerlo. En cambio, la demanda de madera obtenida con criterios sostenibles puede financiar su manejo, su regeneración y empleo en las comunidades cercanas.
El tema se discutió en julio en Kumamoto, Japón, con representantes de la Agencia Forestal japonesa, la Organización Internacional de las Maderas Tropicales y PEFC. Japón tiene grandes superficies de bosques plantados en la posguerra que ya maduraron, y la baja demanda de madera generó problemas para gestionarlos. Para revertirlo, el país empezó a usar madera en edificios públicos.
La condición es clara: no se trata de extraer sin control. En la Argentina, los bosques nativos de alto valor ambiental necesitan protección estricta, mientras que en las plantaciones forestales la madera puede formar parte de ciclos de cosecha y renovación.
Cómo saber de dónde viene la madera
Las certificaciones como PEFC verifican la gestión forestal y siguen el recorrido del material hasta el producto final, lo que se conoce como cadena de custodia. Como aclara FAIMA, una certificación no significa que un producto tenga huella de carbono cero, pero respalda su origen responsable. En la Argentina, el sistema nacional de certificación CERFOAR está homologado por PEFC desde 2014.
Para quien compra un mueble, un piso o encara una obra, la pregunta útil no es solo si es de madera, sino de dónde viene esa madera y cuánto tiempo va a durar.
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